Cirrosis hepática, una enfermedad que puede ser mortal

El 90% de los tumores de hígado maligno se desarrollan en hígados cirróticos; por esto los pacientes con cirrosis deben tener un seguimiento estricto tanto para controlar su enfermedad, como para monitorear la posible progresión al cáncer

El hígado es un órgano vital con múltiples labores esenciales para el correcto funcionamiento de nuestro cuerpo. Este órgano hace parte de una compleja interacción con otros múltiples procesos y sistemas de nuestro organismo.

El hígado cumple un papel muy importante en el metabolismo de carbohidratos, lípidos y proteínas. En conjunto con el páncreas, es el encargado de regular los niveles de glucosa en la sangre: la almacena en forma de glucógeno cuando los niveles están muy elevados, utiliza esos depósitos y los convierte de nuevo en glucosa cuando los niveles están disminuidos, o utiliza otras fuentes, como ciertos aminoácidos, para formar glucosa cuando los depósitos se han agotado.

Además participa en el metabolismo de los lípidos porque produce colesterol, triglicéridos y las lipoproteínas, encargadas de su transporte en la sangre. El hígado produce además proteínas esenciales como las que participan en el proceso de coagulación de la sangre y como la albúmina que contribuye a la correcta distribución de los líquidos corporales.

El hígado participa en el proceso de digestión, ya que produce la bilis, un jugo digestivo que se almacena en la vesícula biliar y se secreta hacia el intestino para mezclarse con las grasas de los alimentos y algunas vitaminas solubles en la grasa, como la vitamina E, y así facilitar su digestión y absorción. Otras funciones que cumple son participar en la activación de la vitamina D y almacenar hierro y vitamina B12, entre otras.

Adicionalmente, se encarga de metabolizar la mayoría de medicamentos que consumimos, así como muchas sustancias de desecho que produce nuestro organismo. Por ejemplo, elimina las bilirrubinas que son el producto de desecho de la hemoglobina de los glóbulos rojos que han sido destruidos y transforma el amonio en urea, entre otras funciones.

Causas de daño hepático

El hígado puede ser afectado por agentes físicos, químicos, incluyendo fármacos, y biológicos. Una agresión física, puede ser por ejemplo un trauma por un accidente, lo que puede causar la destrucción de un lóbulo hepático.

Los agentes químicos que pueden lesionar el hígado son el alcohol, algunos medicamentos y productos naturistas y tóxicos como el fósforo blanco, comúnmente conocido como «totes-.

Las agresiones biológicas al hígado incluyen las infecciones por el virus de la hepatitis A, virus de la hepatitis B, virus de la hepatitis C, virus de la hepatitis D, y virus de la hepatitis E, por mencionar los virus más frecuentes. También puede ser agredido por bacterias y parásitos que pueden causar abscesos.

En algunos pacientes, el sistema inmune no reconoce como propios elementos del hígado y lo ataca produciendo daño e inflamación, lo que se conoce como hepatitis autoinmune. Esta enfermedad es más común en las mujeres.

La esteatohepatitis no alcohólica es otra clase de agresión que se caracteriza por acumulación de grasa en el hígado e inflamación. La obesidad y el sedentarismo son factores de riesgo para esta enfermedad. Dependiendo del tiempo de agresión estos estímulos pueden causar una lesión de tipo agudo o crónico; dependiendo de la agresividad del estímulo, la lesión de tipo agudo puede ser transitoria o fatal; afortunadamente el hígado tiene la capacidad de regenerarse y podría ser entonces un daño transitorio.

Sin embargo, si el estímulo es muy agresivo puede causar falla hepática fulminante, como se ha descrito en infecciones por virus de las hepatitis, intoxicaciones por medicamentos como acetaminofén o agentes químicos como el fósforo blanco. En estos casos la única solución es el trasplante o sobreviene la muerte.

Por otro lado, si el daño es crónico, por ejemplo, las infecciones virales por hepatitis B, C o D que evolucionan a infección crónica, las hepatitis autoinmunes o el consumo crónico de alcohol, pueden ocasionar cirrosis hepática. En esta enfermedad el tejido normal hepático es remplazado por tejido cicatricial, lo que ocasiona insuficiencia hepática. Es importante anotar que cuando hay más de dos factores (por ejemplo, el consumo de alcohol y la hepatitis B crónica) hay un efecto sinérgico o potenciador en la evolución a cirrosis.

El número de casos de cirrosis asociado a cada uno de los factores de riesgo varía según el continente y la región. En países como Estados Unidos, Australia y Puerto Rico se ha descrito que el consumo crónico de alcohol es la principal causa de cirrosis. En Asia y África la mayoría de casos de cirrosis están asociados a hepatitis virales; en China el 57% de las cirrosis son debidas a hepatitis B, mientras que sólo el 21% son por hepatitis C; en cambio, en Japón el 62% de las cirrosis son causadas por hepatitis C y sólo el 14% por hepatitis B. En Latinoamérica se describe un 31% de casos de cirrosis asociado a virus de la hepatitis, específicamente 8% asociado a infección por virus de la hepatitis B y 23% a virus de la hepatitis C.

Consecuencias de la cirrosis

Un paciente con cirrosis hepática tendrá múltiples alteraciones en su organismo y aunque hay algunos medicamentos que pueden ayudar a mantener al paciente sin complicaciones, la única solución definitiva es el transplante hepático.

Las complicaciones más comunes de esta enfermedad son la desnutrición, la ascitis, el sangrado gastrointestinal, problemas de coagulación y la encefalopatía hepática. La ascitis es la acumulación de líquido en el abdomen.

El sangrado gastrointestinal se da porque la sangre al no fluir normalmente en un hígado cirrótico se acumula en las venas del esófago, produciendo várices esofágicas que pueden romperse y producir sangrado masivo e incluso la muerte.

La falla en la coagulación es causada porque el hígado ha dejado de producir los factores de la coagulación, como se mencionó anteriormente. Además, como el hígado cirrótico ya no detoxifica la sangre puede haber acumulación de bilirrubinas y el paciente adquiere un tinte amarillo o ictérico en los ojos y en la mucosa bucal, por ejemplo. Es posible que también se produzca una acumulación de amonio, que tiene un efecto depresor en el cerebro y causaría una complicación conocida como encefalopatía hepática que podría progresar al coma y la muerte.

La cirrosis se considera una entidad premaligna. El 90% de los tumores de hígado maligno se desarrollan en hígados cirróticos; por esto los pacientes con cirrosis deben tener un seguimiento estricto tanto para controlar su enfermedad, como para monitorear la posible progresión al cáncer.

La cirrosis hepática en Medellín

El Grupo de Gastrohepatología de la Universidad de Antioquia, en colaboración con el Hospital Pablo Tobón Uribe, está realizando una investigación para conocer cuáles son las principales causas de cirrosis y carcinoma hepatocelular (principal tumor de hígado maligno) en los pacientes atendidos en dicha institución. Al estudio ingresaron 153 pacientes con diagnóstico de cirrosis hepática desde enero del 2005 a diciembre de 2007; el 81% de los pacientes presentaban diagnóstico de cirrosis hepática y el 19% presentaban además de cirrosis hepática, diagnóstico de carcinoma hepatocelular.

El análisis de los factores de riesgo demostró que el alcohol fue la principal causa de cirrosis en el grupo de estudio (42% de los casos). El 7.3% y 5.6% de los pacientes presentaban infección por virus de la hepatitis B y virus de la hepatitis C (VHC), respectivamente.

Como en el caso de cirrosis, el principal factor de riesgo en casos de cirrosis y carcinoma hepatocelular fue el alcohol (53% de los casos); la infección por virus de la hepatitis B o virus de la hepatitis C fue el factor de riesgo identificado en el 10.3% y 6.9%, respectivamente. Estos resultados sugieren la necesidad de estrategias de prevención y educación en la población con respecto al consumo de alcohol.

El alcoholismo se define con base en patrones de comportamiento y no con base en la cantidad de alcohol que se consume; los alcohólicos presentan abuso y dependencia al alcohol. El abuso se define por patrones repetitivos de consumo de alcohol a pesar de los efectos adversos en el estatus social, familiar, ocupacional y en la salud; y la dependencia se define por comportamientos de búsqueda de alcohol a pesar de sus efectos deletéreos. Así que el grupo de pacientes que desarrollan cirrosis y/o carcinoma hepatocelular asociado al consumo de alcohol son sólo la punta del iceberg.

Riesgo de abuso y dependencia al alcohol

Un test que permite identificar tempranamente a los individuos con riesgo de abuso y dependencia al alcohol para prevenir las complicaciones más tardías consiste en las siguientes preguntas:

1. ¿Alguna vez usted ha sentido que debe disminuir el consumo de alcohol?
2. ¿Alguna vez lo han criticado por su manera de tomar?
3. ¿Alguna vez se ha sentido culpable o mal por su manera de tomar?
4. ¿Alguna vez se ha tomado un trago a primera hora de la mañana para estabilizar sus nervios o deshacerse de su guayabo?

Una respuesta positiva hace sospechar un problema de alcohol y más de una es una fuerte indicación de que existe dependencia o abuso al alcohol. ¿Es usted, o alguien conocido, positivo para esta prueba?

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